¡Carretero!Por el polvoso camino
va la carreta chirriando...
y, en la cimera de un pino,
¡un pájaro está rimando
el Madrigal de su trino...!
-¡Carretero! ¡Carretero,
que vas alegre cantando
por el polvoso camino!
¡Preciso es ir más ligero
que tu ausencia está penando
la chica de tu vecino...!
¿Qué si la vi...? ¿cómo...? ¿cuándo...?
¡Al pasar...! Estaba echando
granos de oro en el molino,
y, por tu ausencia penando,
con los ojos escrutando
la cinta gris del camino...!
Dichoso tú, carretero,
que por más que llegues tarde,
siempre hallarás quien te guarde,
...¡Dichoso tú, carretero...!
¡Yo voy por este camino,
caminando... caminando...
sin saber cómo ni cuándo
mitigará mi destino
las penas que voy penando...!
Yo no tengo quien me quiera
como a ti... ¡qué triste es eso...!
¡Yo no sé lo que es un beso
de la Novia pasajera,
que se brinda con sonrojos
y que embriaga como el vino,
ni he soñado con la espera
de una linda molinera,
que interroga con los ojos
el misterio del camino...!
¡Yo no sé lo que es un beso...!
-¡Qué triste... qué triste es eso...!
Por el polvoso camino
va la carreta chirriando...
Yo estoy, a solas, pensando,
cómo y cuándo
mitigará mi destino
las penas que voy penando...
...y, en la cimera de un pino,
¡sigue un pájaro rimando
el Verso Azul de su trino!
El Cristo de mi cabeceraCuando estaba solo... solo en mi cabaña,
que construí a la vera de la audaz montaña,
cuya cumbre, ha siglos engendró el anhelo
de romper las nubes... y tocar el cielo;
cuando sollozaba con el desconsuelo
de que mi Pastora - más que nunca huraña-
de mi Amor al grito nada respondía;
cuando muy enfermo de Melancolía,
una voz interna siempre me decía
que me moriría
si su almita blanca para mí no fuera,
¡le rezaba al Cristo de mi cabecera,
porque me quisiera...!
¡porque me quisiera...!
Cuando nos unimos con eternos lazos
y la pobrecita me tendió sus brazos
y me dio sus besos y alentó mi Fe;
cuando en la capilla de la Virgen Pura
nos bendijo el Cura
y el encanto vino y el dolor se fue...;
cuando me decía
loca de alegría
que su vida toda para mí sería...
¡le rezaba al Cristo de mi cabecera,
porque prolongara nuestra Primavera...!
...¡Porque prolongara nuestra Primavera...!
Cuando sin amparo me dejó en la vida
y en el pobre lecho la miré tendida;
cuando até sus manos, que mostraban una
santa y apacible palidez de luna
y corté su hermosa cabellera bruna,
que en el fondo guardo de mi viejo arcón;
cuando, con el alma rota en mil pedazos,
delicadamente la tomé en mis brazos
para colocarla dentro del cajón;
cuando muy enfermo de melancolía,
una voz interna siempre me decía
que ya ¡nada! me consolaría,
¡le rezaba al Cristo de mi cabecera,
porque de mis duelos compasión tuviera...!
...¡Porque de mis duelos compasión tuviera...!
*
Hoy que vivo solo... solo en mi cabaña,
que construí a la vera de la audaz montaña,
cuya cumbre ha siglos engendró el anhelo
de romper las nubes y besar el cielo;
hoy que por la fuerza del Dolor, vencido,
busco en mi silencio mi rincón de Olvido;
mustias ya las flores de mi Primavera;
triste la Esperanza y el Encanto ido;
rota la Quimera,
muerta la Ilusión...
...¡ya no rezo al Cristo de mi cabecera...!
¡Ya no rezo al Cristo ... que jamás oyera
los desgarramientos de mi corazón...!
El viejo romanceEra una noche serena,
y era en el mes de las flores...
(Yo no conocía la pena,
porque la vida era buena
y eran buenos los amores..)
... y aquella noche serena,
toda azul y toda plena
de luceros tembladores,
borracho de miel de amores
y en brazos de mi morena,
yo sentí que el alma buena
se me cuajaba de flores,
y que la noche serena
-¡toda azul!- estaba llena
de cantos de ruiseñores...
Estaba la callecita
de su barrio, tan solita
y tan triste, con sus viejas
casonas, de duras rejas
y de portones ferrados
con su luna en los tejados
y con los muros blanqueados;
con su encanto y su misterio
y su paz de cementerio,
y su farol que ilumina
el hidrante de la esquina
de construcción vieja y rara,
que destila sin cesar
un chorrito de agua clara
que no deja de cantar...
Yo, enamorado y sencillo,
con el alma enternecida
rebosante de ilusiones,
junto a la reja florida
tocaba en el organillo
serenatas y canciones
para la novia dormida...
Esa noche, los luceros
brillaban más y mejor;
parecían pebeteros
los jazmineros en flor;
...y yo, sediento de amores,
en brazos de mi morena,
sentí que la vida buena
se me inundaba de flores,
y que mi alma estaba llena
de trinos de ruiseñores...
Hoy... ¡Corazón dolorido!
¡pobre corazón desierto,
aunque parezcas dormido,
yo sé que estás casi muerto...!
Tus ilusiones de ayer,
murieron una por una;
para nunca más volver,
se fue tu buena fortuna;
...¡y hasta la linda mujer
que amaste como a ninguna,
se diluyó con la luna
en aquel amanecer...!
¡Es mejor que no pensemos
en las venturas de ayer...!
...¡Ay, corazón, olvidemos...!
Al fin... ¡qué vamos a hacer...! |