ActualidadParece que la cantidad determina la cualidad. Esto es
asombroso. Dicen, los que saben, que el número de
partículas (protones, electrones, etc.) en el núcleo de un
átomo (¿cuál núcleo?) define elementos distintos, con
características propias e inconfundibles.
El agua, el agua oxigenada, el agua pesada, y las
aguas que inventen, no son más que el agua golpeada,
disminuida o aumentada al gusto. Las familias del yodo
o del mercurio, del bario o del estroncio, serán infinitas.
Lo empezamos a ver con el uranio, lo seguiremos viendo
con el elemento dos mil. Todo es cuestión de número,
de más o menos equis, de más o de menos.
El ajedrez es infinito. La ética se ha de resolver por
las matemáticas. Hombre bueno es aquel que tiene más
elementos yod que set. Dios es equilibrado, neutro.
Cero igual a cero: dios.
Hay que aprender a sumar las grandes cantidades de
materia y de antimateria, de cuerpos y anticuerpos, para
entender. O para vacunarnos.
A estas horas, aquíHabría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,
dejar mi cuarto encerrado
y bajar a bailar entre borrachos.
Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.
No tengo "hambre de amor", pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer, o recordar,
o sentirme tufos de literato,
o esperar algo.
Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en la bolsas, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro...
Este cielo de México es obscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.
(Anoche, sin embargo, había llovido
y era fresco, amoroso, delgado.)
Hoy habría que pasármela llorando
en una acera húmeda, al pie de un árbol,
o esperar un tranvía escandaloso
para gritar con fuerzas, bien alto.
Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.
Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato
o le diría un cuento
que no dijera nada, pero que fuera largo.
Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, cuándo.
Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.
La jaula que me cuente sus amores con el canario.
La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,
y la dulce luna de mi armario,
que me digan algo,
que me hablen en metáforas, como dicen que hablan,
este vino es amargo,
bajo la lengua tengo un escarabajo.
¡Qué bueno que se quedara mi cuarto
toda la noche solo,
hecho un tonto, mirando!
Ahora puedo hacer lloverAhora puedo hacer llover,
enderezar las ramas torcidas,
levantar a los muertos.
Hágase la luz, digo,
y toda la ciudad se ilumina.
¡Qué fácil es ser Dios!
Algo sobre la muerte del Mayor Sabines. Primera parte. XEs un mal sueño largo,
una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba
lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo éste, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!
Algo sobre la muerte del Mayor Sabines. Primera parte. XIIMorir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.
Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.
Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.
Apagarse es morir, lento y aprisa
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.
Algo sobre la muerte del Mayor Sabines. Primera parte. XVPapá por treinta o por cuarenta años,
amigo de mi vida todo el tiempo,
protector de mi miedo, brazo mío,
palabra clara, corazón resuelto,
te has muerto cuando menos falta hacías,
cuando más falta me haces, padre, abuelo,
hijo y hermano mío, esponja de mi sangre,
pañuelo de mis ojos, almohada de mi sueño.
Te has muerto y me has matado un poco.
Porque no estás, ya no estaremos nunca
completos, en un sitio, de algún modo.
Algo le falta al mundo, y tú te has puesto
a empobrecerlo más, y a hacer a solas
tus gentes tristes y tu Dios contento.
Autonecrología VTe quiero porque tienes las partes de la mujer
en el lugar preciso
y estás completa. No te falta ni un pétalo,
ni un olor, ni una sombra.
Colocada en tu alma,
dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,
leche de luna en las oscuras hojas.
Quizás me ves,
tal vez, acaso un día,
en una lámpara apagada,
en un rincón del cuarto donde duermes,
soy la mancha, un punto en la pared, alguna raya
que tus ojos, sin ti, se quedan viendo.
Quizás me reconoces
como una hora antigua
cuando a solas preguntas, te interrogas
con el cuerpo cerrado y sin respuesta.
Soy una cicatriz que ya no existe,
un beso ya lavado por el tiempo,
un amor y otro amor que ya enterraste.
Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lágrimas que lloro.
¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.
Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No me dejes
en medio de tu sangre en esa toalla.
Autonecrología VIEl mediodía en la calle, atropellando ángeles,
violento, desgarbado;
gentes envenenadas lentamente
por el trabajo, el aire, los motores;
árboles empeñados en recoger su sombra,
ríos domesticados, panteones y jardines
transmitiendo programas musicales.
¿Cuál hormiga soy yo de estas que piso?
¿qué palabras en vuelo me levantan?
"Lo mejor de la escuela es el recreo",
dice Judit, y pienso:
¿cuándo la vida me dará un recreo?
¡Carajo! Estoy cansado. Necesito
morirme siquiera una semana.
Caballos de fuerzaAcabo de estrenar un coche de lujo. Nunca en mi vida
había tenido sino pequeños carros, modestos, mediocres,
más bien pobres instrumentos de trabajo.
Estuve alegre ayer todo el día, como cuando tuve bicicleta
a los once años.
¿Qué simbiosis se establece entre el objeto y uno
mismo? ¿Porqué la posesión de lo superfluo enaltece el
ánimo como una conquista?
Con sus 240 caballos de fuerza parece que aumentara
la fuerza de uno mismo, su capacidad de acción, su poderío.
Mi mujer y mis hijos están felices también. Nos hemos
paseado de un lado al otro admirando su vestidura
impecable, su palanca al piso, el espejo lateral que se
mueve desde dentro y tantas preciosidades que lo hacen
distinto.
¡Dios mío!, me pregunto, ¿esto es lo que llaman enajenación?,
¿o es el principio de mi decadencia?
Bueno, me digo, consolándome: todavía me faltan
dos años para pagarlo.
Como pájaros perdidos XIIEl secreto de Dios:
acercó sus labios a mi oído
y no me dijo nada.
Como pájaros perdidos XIXComo ahora no hay maestros ni alumnos, el alumno
preguntó a la pared: ¿qué es la sabiduría? Y la pared se
hizo transparente.
Como pájaros perdidos XXXVILa policía irrumpió en la casa y atrapó a los participantes
de aquella fiesta. Se los llevó a la cárcel por lujuriosos y
perversos. Era natural. La policía no puede irrumpir en
las calles y acabar con otros escándalos, como el de la
miseria.
Con la flor del domingoCon la flor del domingo ensartada en el pelo, pasean
en la alameda antigua. La ropa limpia, el baño reciente,
peinadas y planchadas, caminan, por entre los
niños y los globos, y charlan y hacen amistades, y hasta
escuchan la música que en el quiosco de la Alameda de
Santa María reúne a los sobrevivientes de la semana.
Las gatitas, las criadas, las muchachas de la servidumbre
contemporánea, se conforman con esto. En tanto llegan
a la prostitución, o regresan al seno de la familia miserable,
ellas tienen el descanso del domingo, la posibilidad
de un noviazgo, la ocasión del sueño. Bastan dos o
tres horas de este paseo en blanco para olvidar las fatigas,
y para enfrentarse risueñamente a la amenaza de
los platos sucios, de la ropa pendiente y de los mandados
que no acaban.
Al lado de los viejos, que andan en busca de su memoria,
y de las señoras pensando en el próximo embarazo,
ellas disfrutan de su libertad provisional y poseen el mundo,
orgullosas de sus zapatos, de su vestido bonito, y de
su cabellera que brilla más que otras veces.
(¡Danos, Señor, la fe en el domingo, la confianza en las
grasas para el pelo, y la limpieza de alma necesaria para
mirar con alegría los días que vienen!)
Cuando tengas ganas de morirteCuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y veras que hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.
Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete
y ya.
Del mitoMi madre me contó que yo lloré en su vientre.
A ella le dijeron: tendrá suerte.
Alguien me habló todos los días de mi vida
al oído, despacio, lentamente.
Me dijo: ¡vive, vive, vive!
Era la muerte.
Dentro de poco vas a ofrecerDentro de poco vas a ofrecer estas páginas a los desconocidos
como si extendieras en la mano un manojo
de hierbas que tú cortaste.
Ufano y acongojado de tu proeza, regresarás a echarte al
rincón preferido.
Dices que eres poeta porque no tienes el pudor necesario
del silencio.
¡Bien te vaya, ladrón, con lo que le robas a tu dolor y a
tus amores! ¡A ver qué imagen haces de ti mismo con los
pedazos que recoges de tu sombra!
Después de todoDespués de todo -pero después de todo-
sólo se trata de acostarnos juntos,
se trata de la carne,
de los cuerpos desnudos,
lámpara de la muerte en el mundo.
Gloria degollada, sobreviviente
del tiempo sordomudo
mezquina paga de los que mueren juntos.
A la miseria del placer, eternidad,
condenaste la búsqueda, al injusto
fracaso encadenaste sed,
clavaste el corazón a un muro.
Se trata de mi cuerpo al que bendigo,
contra el que lucho,
el que ha de darme todo
en un silencio robusto
y el que se muere y mata a menudo.
Soledad, márcame con tu pie desnudo.
Aprieta mi corazón como las uvas
y lléname la boca con su licor maduro.
Digo que no puede decirse el amorDigo que no puede decirse el amor.
El amor se come como un pan,
se muerde como un labio,
se bebe como un manantial.
El amor se llora como a un muerto,
se goza como un disfraz.
El amor duele como un callo,
aturde como un panal,
y es sabroso como la uva de cera
y como la vida es mortal.
El amor no se dice con nada,
ni con palabras ni con callar.
Trata de decirlo el aire
y lo está ensayando el mar.
Pero el amante lo tiene prendido,
untado en la sangre lunar,
y el amor es igual que una brasa
y una espiga de sal.
La mano de un manco lo puede tocar,
la lengua de un mudo, los ojos de un ciego,
decir y mirar.
El amor no tiene remedio
y sólo quiere jugar.
Doña Luz XXILa casa me protege del frío nocturno, del sol del mediodía,
de los árboles derribados, del viento de los huracanes,
de las asechanzas del rayo, de los ríos desbordados,
de los hombres y de las fieras.
Pero la casa no me protege de la muerte. ¿Por qué
rendija se cuela el aire de la muerte? ¿Qué hongo de las
paredes, qué sustancia ascendente del corazón de la tierra
es la muerte?
¿Quién me untó la muerte en la planta de los pies el
día de mi nacimiento? |