CaminemosOlvídate del mundo.
Piensa solamente en lo que llevas piel adentro
y sabrás qué dulce y qué sabroso es, de pronto, vivir.
DesvestidoLa noche, deseosa, apenumbrada,
te quitó sin pensar las zapatillas...
y -por sentirse blanca y alumbrada-
desnudó blancamente tus rodillas.
Luego -por diversión, sin decir nada-
la noche se llevó tu blusa larga
y te arrancó la falda ensimismada
como una cosa tímida y amarga.
Después te colocaste travesura:
desnudaste tus pechos por ternura
y -hablando de un amor vago, inconexo-
Porque sí y porque no, a medio reproche,
desnudaste también, entre la noche,
la noche pequeñita de tu sexo.
He querido marcharme. Lo confieso.He querido marcharme. Lo confieso.
Dejar esta tristeza sin quejidos
y buscar un dolor sin retroceso
que me peine el cabello con gemidos.
He querido arrancarme este gran peso
de tener los dos brazos encogidos
y no saber si voy o si regreso,
porque tengo los ojos entumidos.
Sin embargo, lo digo, me da miedo.
Hay llantos que me apuntan con el dedo
desde todos los sitios de tristeza.
Por eso aquí me tienes, recostado,
con el dolor pequeño y arrugado
mordiéndole la punta a la pereza.
Inventario de tristezasSobre esta mesa sin mantel ni luna,
podemos calcular nuestras tristezas.
tú llevas los apuntes, tú las pesas,
las rotulas, después, una por una.
Luego recogeremos, cada uno
las suyas, en montones separados.
Así sabremos sin dudar, si alguno
tenía penas de sobra en los costados.
Y luego -si tú quieres- las juntamos
en un solo montón sobre la mesa.
Las colocamos bien, las entregamos
a la ley sin soborno de la pesa.
Después nos repartimos, como hermanos,
cada uno la mitad de la tristeza.
Salmo de las maderasHay maderas oscuras y profundas como tus ojos y tus cabellos.
Porque tus ojos y tus cabellos son como maderas profundas y charoladas.
Hay maderas suaves y livianas como tu piel y tu alegría.
Porque tu piel y tu alegría son como maderas suaves y livianas.
Hay maderas recias y macizas como tus piernas y tus espaldas.
Porque tus piernas y tus espaldas son como maderas recias y macizas.
Hay maderas húmedas y rojas como la piel de tus labios y de tu lengua.
Porque la piel de tus labios y de tu lengua es como una madera roja y
empapada de savia.
Hay maderas olorosas y vivas como el olor de tu cuerpo.
Porque el olor de tu cuerpo es como el olor de las maderas cortadas en
los tiempos de lluvias.
Hay maderas que al ser trabajadas dan notas musicales y perfectas.
Tu amor es una nota musical y perfecta como el sonido que dan ciertas
maderas cuando son trabajadas.
Hay maderas que se quejan en las noches de lluvia y en las tardes de
tormenta.
Porque eres triste, y esto te embellece y purifica, te pareces a esas
maderas que se quejan en las noches de lluvia y en las tardes de tormenta.
Hay maderas que tienen un sabor y perfume tan propios que, cuando se
las huele o se las besa, ya no son olvidadas nunca más en la vida.
Porque eres fatalmente inolvidable, te pareces a esas maderas que se
recuerdan hasta la muerte cuando se las huele o se las besa.
SuicidaMoriré de suicidio aunque ningún veneno
me destroce las venas.
Moriré de suicidio porque he de morir,
porque la vida pesa
cuando no hay horizontes donde colgar el alma,
cuando todas las tierras están muertas.
Yo quisiera tener un beso en cada labio,
un amor en el hueso,
una dulce caricia en cada célula,
y ofrecer un abrazo a cada enfermo,
un sueño a cada triste,
un milagro a cada hombre sin remedio.
Sucede que el amor
no alcanza para nada.
Se me hace delgadito como hoja de oro
y a veces, sin quererlo, se me convierte en lágrima.
¿De dónde saco amor si el mío no me alcanza
y el de Dios es un cuenco que no se llena nunca?
¿Cómo voy a sembrarlo, si cuando doy un vaso
me marcan con angustia?
Por eso esta jornada seré una cosa absurda
como una calavera en una fiesta
y muy pronto, en la noche, moriré de suicidio,
aunque el médico diga que morí de dispepsia.
La muerte mía la llevo, como una tumba, adentro.
Un día la sacaré y me acostaré en ella. |