Raúl Felipe


SÓLO DIOS DIRÁ

Es una mi forma de pensar y nunca la podré cambiar,

amo la vida que Dios me dio sin preguntarme por qué

y sigo adelante el camino con mucha fe...

 

Resisto la jornada confiado en lo que sé,

en esta vida muere todo y todo vuelve a renacer,

aunque yo no quiera más volver...

 

Son tantas las penas de este mundo,

niños no deseados, enfermos, desdeñados,

tantos viejos olvidados...

 

Guerras injustas, que pagan seres sin culpas,

bombas que estallan, gente secuestrada

y es poco, porque eso no es nada...

 

Absurda manía de los humanos,

buscar vida en planetas extraños

y en su mundo tantos desamparados...

 

Intereses bastardos cobran fuerzas

en las calles, del veneno

que venden tras sonrisas infames...

 

Letargos de oscuridad, frío y soledad

eso, ¿eso es lo que espera esta necia humanidad?

 

Y aunque tanto me pregunto, la respuesta es siempre igual;

 no sé... tal vez... quizá...

o sólo Dios dirá...

NO DIJIMOS NADA

Antes que llegara el momento,
supimos que ya nada importaba,
nos miramos con una profunda mirada
y ninguno dijo nada...

Éramos tú y yo,
solos,
desnudos y mudos,
ninguno dijo nada y nos tocamos
con la luz apagada...

Que dulce y tierno momento,
cuando me sentí en ti,
muy adentro...

Ya de madrugada,
el amor aún nos quemaba y
el tiempo parecía que volaba...

Al despedirnos,
nos dimos un beso,
nos miramos con una profunda mirada,
y ninguno dijo nada...

SOLA CAMINA

Ya con las manos rugosas y la mirada vacía
muy triste por las noches camina...

Con pasos lentos, sin ninguna prisa,
su rostro pinta una amarga sonrisa...

Se para en la esquina, donde perdió sentimientos
y vida, la pálida luz alumbraba,
su cara ya marchitada...

El amplio escote en su vestido,
dejaba ver sus senos rendidos...

Las horas no le importaban,
no tenía a nadie que la esperara...

Sus tiempos mejores,
vivió burlando sinceros amores,
y sola los llora mirando las flores...

Sus labios abiertos, de besos
quedaron desiertos, aquellas piernas hermosas
la sostienen ya temblorosas...

Nadie la busca, nadie la espera
y sola camina las noches,
hasta que muera...

¡México, patria mía...

¡México, patria mía, permite que grite a los cuatro vientos,
el amor que por ti yo siento...!

¡México, patria mía, soberana adornada de montañas,
monumentos a los héroes, que descansan en tu entraña...!

¡México, patria mía, el espacio azul te baña de virtud
y en tus campos verdes, renacen nuevos héroes...!

¡México, patria mía, águila, serpiente y espina,
tantas cosas te lastiman, y aún así, caminas...!

¡México, patria mía, nunca pierdas la alegría,
que yo he de morir, pero tu seguirás erguida...!

¡México, patria mía, es humilde mi poesía,
aceptala como un presente, de este hijo que te lleva en la frente...!

¡México, patria mía, tierra y luz de mi vida,
suelo moreno, Dios te bendice desde el cielo...!

¡POESÍA EN PELIGRO!

Auxilio! ¡Auxilio!

Gritaba la poesía, en el embate sin clemencia,
propinado por la fatuidad y la estridencia...

Ya poco se escuchaba, el verde a la distancia se apagaba,
y una noche triste, se expresaba...

Las aves de la tierra, se negaron a volar,
cuando la voz de los poetas, se empezó a callar...

Los grillos permanecían expectantes,
como pidiendo a Dios, que acudiera en su rescate...

Las flores, aturdidas lloraban afligidas
y en sus esquemas, se desangraban mil poemas...

La luna, enferma de melacolía, de negro se vestía,
sollozando el entierro, de su poesía...

¡Alto, fatuidad y estridencia malditas, no la entierren viva,
que la poesía en mí aún respira...!


Regresa a la página principal

Regresa a la página del poeta invitado