Viviana F. Pelle


Los amantes

En las noches perpetuas

del abismo

plenos del silencio oscuro pero blanco

cuando la calma acude sin aviso

y las estrellas son pequeñas luces de esperanza, 

     los amantes

se adormecen despiertan se iluminan

se codician se palpan se fascinan

se mastican se gustan se babean

se convierten en agua 

se transforman en río

y van a dar a la mar

el oleaje los acuna

viaje infinito

paraíso de almas y cuerpos

llevados por la barca del amor.

Viven gozan palpitan

hacia la eternidad.

Haberse amado

amarse hoy y mañana

edén: noches de sol tibio y agua

refugio en el oasis 

el eterno amor de los amantes.

Devenir

				Cosas que el ojo ni imagina”
				(Irene Gruss)

El bombeo insistente de un corazón

por debajo del pecho 

palpitante de sonidos.

 

La música que dibujamos 

con cada latido

cuando sentimos

miedo, hambre o frío.  

 

Breve porción del tiempo 

en que las hormigas preparan 

el camino hacia la hoja 

que ha de ser por ellas deglutida

y que luego se convertirá en nada. 

 

¿Conocemos el segundo exacto

en que la abeja

extrae el polen a la flor?

 

¿Sabemos en qué instante 

nace esa abeja 

o el momento preciso

de su última espiración?

 

¿Qué cosa verá el ojo? ; ¿a quién,

cuando deje de respirar su pupila?

Gringo rey

El gato gringo 

a esperas de cobijo

empezaba a asomar

detrás de las ventanas

trepaba al borde

de la habitación selecta

Husmeaba el pececito

recién venido del mar

que su madre limpiaba

al pie de la vereda

Decidió al fin

con suerte su morada

el día en que trepó

al regazo de mi madre

ofreciéndole

sus tiernos lengüetazos

las patas como brazos

rodeándole  el cuello

Gato gringo

convertido en el rey

de su refugio humano.

He visto ese rostro

He visto ese rostro 

en algún pasado remoto

Conozco sus gestos

La mirada irrepetible que ahora emerge

desde algún lugar secreto

El color de su tez

oscura como un atardecer

de verano

de un verano inexistente

porque era aquél y era de invierno

el frío le tapaba el cuerpo

Tan sólo un rostro

Lo veo, lo presiento

es de ayer

y está presente.

			Esto es muerte: olvido en ojos mirantes
				Macedonio Fernández
				
A ese tan soñado lector

que tu sueñas

que lee tus sueños 

y sabes que es a tí mismo y a tu ser

lo que aquél sueña.

 

Al que te lee y sueña sueños ajenos

sin perder la realidad

sin el sueño

y te re sueña.

 

Al lector escritor de los sueños

que te quiere real, lector de arte.

 

A tus lectores artistas

servidos de tus soñados ensueños.

 

Al que te lee y escribe

que te sueña real

y descubre tus sueños.

 

Yo sueño a tus lectores 

Macedonio.

Pero el olvido 

en ojos mirantes,

en los ojos que te leen

se transforma en vida.

Imagino

la mirada del río

tus ojos,

su oleaje

en mi centro

sostiene el horizonte

mi propia mirada

se posa

en el recuerdo,

no olvida

se aleja del invierno

y de la muerte.


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