Lady López Zepeda


Las putas de abril

Las putas de abril llevan un cántaro en el sexo para refrescarse en primavera. Llueven noche, semen y miel, derrochan caricias, son insaciables, rebeldes, ligeras. Esculpen deseo en la carne del otro, muerden, arañan, entienden y callan en el silencio más impío. Refugian en brazos a los amigos, amantes, perversos y locos, se desnudan, seducen, encubren. Salen de las tinieblas para el alivio de almas en pena dan gemidos, espasmos, orgasmos, reciben desprecio, ofensas, monedas. Claman caricias, consuelo, anhelos, desdibujan su figura, su vientre, su rumbo, profanan su nombre. Les aguarda su esquina, su hombre, el perro, el miedo, Mutilan sus días, su mañana, su esperanza, encarnan el olvido. Viven noches rotas para apaciguar el hambre, perdieron el himen, duran lo que un suspiro. (En el fondo también soy puta de abril)

Olvida

Dices que mi piel te lleva al camino del olvido,

qué importa, cuando hay una vera en el sendero.

         ¡Olvida!, no te canses de recorrer sus territorios

que soy tierra en el silencio despojada de la arcilla.

 

Tras la vitrina del espejo, 

          -he vuelto enajenada de mí-

cae una lágrima en busca de tu olvido

sus cauces me conducen a tus manos 

con la impaciencia de cavar estepas en mis ojos.

 

Bebe el vino consagrado que reposa en el altar 

gota a gota explora las cenizas de mi boca,

que ávida de palabras caen como manantial

desbordado en los deseos de tu cuerpo.

 

Antes de irte apaga mis sombras

que has encajado las uñas en mi espacio.

Recuerda, no olvides habitarme, 

aunque pierdas el camino.

Si me dijeras

Si me dijeras que el pan es agua 

y el agua rocío de cielo 

te lo creería.

 

Si me dijeras que los montes son 

palomas de viento que se ocultan 

en la mirada sepia

también te lo creería.

 

Si te dijera que mis manos

son un navío que van 

por el camino sin frontera

no me lo creerías.

 

Si te dijera que mi regazo

necesita el apoyo de  tu cabeza 

no me lo creerías.

 

Como tampoco me creerías 

que tengo puesta en las entrañas 

la esperanza en tus pupilas

Hay amores

Hay amores que en la despedida mutilan al corazón herido
con un beso claman desesperadamente una caricia próxima
mancillan de sangre el nuevo amanecer
matan cuando la ausencia está presente.

Hay amores que van con las manos entrelazadas,
sin prisa tras el viento del oriente,
emprenden el camino junto a la luz del sol,
cumplen el sueño de cada noche,
con el surco de ojos conquistan el espacio
y llevan en las entrañas la esperanza perpetua.

Todos te nombran

No hay mar que no te nombre

ni cielo que no te anuncie,

cabalgas en las cordilleras de mi mente

gaviotas del augurio nocturnal.

 

Las horas secas

los grillos impacientes

el reposo de la tarde

una banca en la plazuela 

me hacen recordarte.

 

Un perro callejero 

muestra su mirada buena

y me lleva al centro de tus ojos

refugio de los míos.

 

Del bar surgen las notas

de una vieja melodía

te acercas a mi oído y al roce 

suave de tus labios

la cantas dulcemente.

 

Llegaste en primavera

tejiste un cuerpo soleado

prendido con alfileres a tu follaje

ahora naufrago en la espesura.

 

Cruzo por la calle anidada a tu cintura

Infecunda reposa mi cabeza en tu hombro

ostia, pan y vino para consagrarte

mi corazón emprendió este viaje

manantial que no regresa.

 

Afuera llueve, cenizas en mis ojos

cuando sólo quiero olvidarte

las nubes te han traído 

todos te nombran 

estoy lista para recordarte.


Regresa a la página principal

Regresa a la página del poeta invitado