Nieve
Amanece en blanco, algodonales repletos, nata caída del cielo.
Ramas vestidas de blanco, soportando un peso leve de algodón, ramas
gordezuelas de encinas, pinos redondos como pintados por niños, más
cercanos y bajitos, abetos calcados de postales.
De vez en cuando dejan caer un copo y el trozo desciende con delicadeza,
pausadamente, revoloteando antes de llegar al suelo.
Hasta las varas descarnadas y secas se han dejado cubrir de blanco, para
engalanarse a la vista, con elegancia en su desnudo altivo.
Otrora las frías vallas metálicas se convierten en redes finísimas de tul
de novia.
Todo en calma, la tregua del viento nos deja en un silencio casi
interior, la nieve amortigua los ruidos, sólo el frufrú de las
pisadas....
Hasta la luz comparte esa quietud y asoma tímida con sus tintes
delicados, rosados, luego vueltos amarillos, hasta dejarlos tamizados en
ese blanco azulado, en ese blanco uniforme de irrealidad y sueño.
Nos asomamos y miramos como si descubriéramos el mundo, por primera vez,
con algo de exploradores en suelo nunca hollado, algo sobrecogidos,
maravillados,
nos sale el alma perdida de niños y se cuelga en la sonrisa de los
labios.
Antes de que las huellas ya no lleven a ningún lado y ese blanco
oscurezca, chapotee ahogado en los charcos grises que lo van tragando
todo,
quedará esa imagen y nos hará olvidar por un momento la monotonía que
yace debajo de ese manto blanco......
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