Tony Pichs


La última carta

Besarnos mujer, fue donde el amor culminaba. Tu garganta y  mi agonía
gozaron de una muerte diaria sobre el surco donde el arado esperaba para hacer
el silencio más hondo. 

Las ruedas de los relojes amordazaron el tiempo donde fuimos felices.

Tanto fue el olvido, que ya no eres la agitada alegría de mis lágrimas, tanto
fuiste, que ya no eres.

Despacio cae  la frente, desgarrando el ayer que se desplomó de momento.

Daré una suprema ceremonia, en la cumbre de los atardeceres, recordando tus
pechos que desordenaron mis pensamientos como una tempestad enloquecida y
pediré que se entrelacen nuestras bocas hasta que el alba desaparezca.

La vida es una dicha moribunda, la ropa cubre al hombre por fuera escondiendo
el grito del alma, prohibiéndole a la sombra la palabra del amor que lleva a
cuestas.

Para ti es la última carta, para que te acuerdes de alguien que fui.

A mi carcelero

(En memoria a los que han muerto en manos del régimen  Castrista y a los
que siguen luchando por una Cuba  mejor,  defendiendo el derecho de ser libre.)

Te presentaré  mis fuerzas,  aprisionando mis labios, 

para no decir cuánto sonido helado pasa por mis venas 

cuando apagas mi silencio.

Me quitaré el disfraz que  cubre mi rostro 

y que me resguarda de la infame lengua 

que pisoteando, ofende mi decencia.

Con mi pluma, podré más que  tú, viento uniformado.

Podré más que tu brusca manera para enseñarme el castigo. 

Te hablaré de mis desvelos cuando pienso en mi patria.

Hoy mi cuerpo se apaga entre tus manos

Mil veces es tuyo mi cuerpo que muere encarcelado

Desprendido y frágil,  pero que aún  sueña.

La sustancia de mi cuerpo

La sustancia de mi cuerpo es arena. No sé hasta qué tiempo seguirá así mi cuerpo. Es sólo apariencia mi firmeza. Mi estabilidad comienza cuando miro al cielo; cuando dejo de pensar en la posibilidad de la riqueza; cuando el más arduo de mis pensamientos está en tus besos. No es necesario estar en un cuarto frío y oscuro para sentir como el mar abraza mi cuerpo, ahogándome de la pena que provoca tu ausencia. No es mi mejor virtud disimular la risa. No, cuando también hay llanto en tus ojos. Es fácil roturar mi cuerpo, pues la sustancia de mi cuerpo es arena.






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