A UNOS OJOS
Ojos de triste mirar
qué pena ocultas en ellos,
si aún cuando tristes son bellos
¡ Qué bellos . . . !
Si alegres pudieran brillar.
Ojos de triste mirar
que no saben sonreír,
que solo saben sufrir
que ya ni saben llorar.
Quisiera ser yo tu cáliz
para que viertas en mí
tu amargura,
y contemplar así la dulzura
de tus ojos al mirar.
LA SONRISA PERDIDA
Cuéntame niña mía
Una a una,
La sonrisa de las estrellas
Y dime si ves, mi niña
La mía oculta entre ellas.
Es que a mi se me ha perdido
O es que ya no la tengo.
Quizás tú te la llevaste
Y por eso no la encuentro.
Si escondida entre tus labios
La tuvieras prieta en ellos
Suéltala niña mía
Déjala que a mi vuelva
Que afligido está mi semblante
Faltándole la alegría
Que sólo asoman tristezas.
O bien tú, espejo de plata
Haz que en ti me refleje
Para contemplar en mi rostro
La sonrisa que a mi me falta
Permitiendo a tu dulzura
Que presta a mí regrese.
VINOS DE CIPRES
Me hubiera gustado que me dijeras
¡Hombre, todo terminó ¡
no tendrás más
mis vinos de ciprés
ni deseo más la esencia
de tus rosas.
Entonces yo hubiera podido
Recoger pedazo a pedazo
Los restos de mi luna
Y echarlos a la bolsa del olvido
Y a otra cosa …
¡ Pero no !
Te aseguraste de dejar
Tu aroma de abedules
Hiriendo poro a poro
La superficie de mi piel.
SOLEDAD
Una flor marchita ,
De resecas vivencias . . .
Una playa vacía ,
De arenas desiertas . . .
Una llanura inmensa ,
De desoladas tierras . . .
Un gemir del viento ,
De solitarias praderas . . .
Una noche si Luna ,
De tinieblas llena . . .
¡Un grito vertical !
De sangre se eleva . . .
Un violeta adiós ,
De viaje sin vuelta . . .
Una estela en el mar ,
De velero sin velas . . .
Un pétalo amarillo ,
De una flor muerta.
DE REPENTE
La angustia llegó a su cuerpo . . .
Retuerce sus manos, enlazando desesperadamente sus dedos.
Sus uñas se hunden ensangrentando la piel,
Mordiendo la carne, rompiendo el silencio.
Un frío sudor recorre su frente
Cubriendo su rostro, goteando hasta el suelo.
Un golpeteo sin ritmo resuena en su pecho,
El aire, espeso, ahora tan denso, intenta absorberlo.
Y en su turbada mente:
Resuenan los cascos de cuatro caballos negros
Galopando a través de tinieblas,
Rompiendo nubes, desarbolando vientos.
Los desorbitados ojos de los corceles miran al horror, sin verlo.
Enloquecidos rasgan sus cuerpos al rozar entre si, sus pieles
Que rotas dejan al aire sus trémulos pálpitos.
Los cuatro caballos fracturan sus remos
Al chocar con las impenetrables rocas del destino, sus frágiles huesos.
Una punzante daga que impulsa una oscura sombra
Penetra por el centro de su pecho.
Un lacerante dolor se cuela entre el brazo y el hueso
Llegando a los dedos izquierdos.
Se derrumba el cielo . . . se hunden los pensamientos
desaparece el azul.
Un sonoro silencio, lleno de cipreses blancos
Huyen silentes . . . a lo lejos.
Un fugaz resplandor ilumina y el aire se agota.
Una espiral sin color
Se lleva su último aliento,
De su mórbida carne,
Que desplomada sobre su postrer apoyo
Adquiere el tinte de un amarillo pétalo
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