Gerardo Diego




El sueño

Apoya en mí la cabeza,
  si tienes sueño.
Apoya en mí la cabeza,
  aquí, en mi pecho.
Descansa, duérmete, sueña,
  no tengas miedo,
no tengas miedo al mundo,
  que yo te velo.
Levanta hacia mí los ojos,
  tus ojos lentos,
y ciérralos poco a poco
  conmigo dentro;
ciérralos, aunque no quieras,
  muertos de sueño.

Ya estás dormida. Ya sube,
  baja tu pecho,
y el mío al compás del tuyo
  mide el silencio,
almohada de tu cabeza,
  celeste peso.
Mi pecho de varón duro,
  tabla de esfuerzo,
por ti se vuelve de plumas,
  cojín de sueños.
Navega en dulce oleaje,
  ritmo sereno,
ritmo de olas perezosas
  el de tus pechos.

De cuando en cuando una grande,
  espuma al viento
suspiro que se te escapa
  volando al cielo,
y otra vez navegas lenta
  mares de sueño,
y soy yo quien te conduce,
  yo que te velo,
que para que te abandones
  te abrí mi pecho.
¿Qué sueñas? ¿Sueñas? ¿Qué buscan
  -palabras, besos-
tus labios que se te mueven,
  dormido rezo?

Si sueñas que estás conmigo,
  no es sólo sueño;
lo que te auna y te mece
  soy yo, es mi pecho.

Despacio, brisas, despacio,
  que tiene sueño.
Mundo sonoro que rondas,
  haste silencio,
que está durmiendo mi niña,
  que está durmiendo
al compás que de los suyos
  copia mi pecho.
Que cuando se me despierte
  buscando el cielo
encuentre arriba mis ojos
  limpios y abiertos.


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